"LA LECTURA COMO LIBERACIÓN DE CADENAS"
Artista
KAREN GIRLESSA PEREA
Artistas Afrocolombianxs -
Literatura

Instagram: @perdida_ensaturno
Soy Karen Girlessa Perea Arango, nació en la ciudad de Buenaventura, desde muy pequeña su vida se vió envuelta por los estragos de la guerra, sin embargo, cree profundamente en la resistencia y en el arte como la mayor expresión de esta. Recién esta empezando su camino con este proyecto, que pretende enseñarle a las personas y en especial a niños y adolescentes de todo Colombia y principalmente del Pacifico Colombiano, que leer nos ayuda a cicatrizar el alma y también a defendernos del sistema, que la lucha es necesaria y que quizás nosotros no podamos ver la primavera, pero eso no quiere decir que sea un proceso en vano, pues muchos de nuestros ancestros lucharon por la libertad y aunque nunca la tuvieron aquí estamos nosotros, libres para seguir luchando por la dignidad de nuestro pueblo. Por otra parte, también escribe y quiere motivar a escribir narraciones donde se reivindique nuestra identidad e historia como negros, donde se alce la voz contra el racismo, la marginalidad y el empobrecimiento estructural al cual hemos sido sometidos. A futuro me gustaría viajar por gran parte del Pacifico colombiano, para poder escribir las historias de ese pueblo que ha sido abandonado, porque nosotros debemos ser narrados, debemos ser escuchados.
Nací y fui criada en la ciudad de Buenaventura, una ciudad olvidada, marginada y azotada por el conflicto armado Colombiano, ahí el abandono por parte del estado hace que el proyecto de vida de muchos de sus habitantes sea limitado aun cuando no es más que un proceso imaginario, pues las épocas de terror inevitablemente también hacen parte de nuestra formación como personas y en algunos casos esto no genera grandes estragos a nivel psicosocial, pero en su mayoría vivimos con las cicatrices de la guerra, lo cual repercute en que no pensemos en vivir, sino solamente en sobrevivir. En el caso de las mujeres, aunque somos fuertes y valientes, a lo máximo que podíamos aspirar según el colectivo imaginario, en la época de mi niñez, era a conseguir un marido. Esta situación me atormentaba desde que estaba muy pequeña y con el secuestro y asesinato de mi padre todo parecía incluso ser peor. 
Del día que enterraron a mi papá poco recuerdo, fue un entierro muy grande en medio de una gran lluvia; vinieron personas de diferentes corregimientos, de las islas y de barrios que hasta ese momento yo no sabía que existían. Mi madre nunca me soltó la mano y yo jamás alcé la cabeza, solo veía las flores de mi ridículo vestido rosado y mis zapatos blancos. Tenía 9 años cuando esto ocurrió y 10 cuando tuve que salir por primera vez de mi ciudad por amenazas. Los grupos armados al margen de la ley vieron en mi mamá una mujer frágil y desprotegida con tres hijos a quienes podrían amedrantar, así que tuvimos que dejar nuestra ciudad. Fuimos al Meta, allá estaban mi abuela materna y mis dos tías que eran profesoras, nunca antes las había visto, pero es algo común, las tragedias suelen unir a las familias porque de ahí brota un amor especial, un amor que está bañado en lágrimas, pero que se hace inquebrantable. Pasé muchos días encerrada sin ver a nadie y el día en que finalmente decidí explorar aquella nueva casa descubrí que mis tías tenían una gran biblioteca en el patio; la mayoría de los libros que habían ahí eran atractivos para mí y ese lugar se volvió un refugio. En ese entonces no sabía quién era Gabriel García Márquez, pero ahí estaba su nombre junto al título “crónicas de una muerte anunciada”, es el primer libro que recuerdo haber leído y a través de él comprendí que la muerte es una realidad inevitable al igual que la injusticia. De ahí en adelante intenté siempre tener un libro a la mano para leer, ya que, desde mi perspectiva que indudablemente se encuentra vinculada a ese primer encuentro con un libro, leer es una de las mejores formas de acercarse al hecho de entender el mundo, así sea en dosis mínimas, e incluso nos ayuda a comprendernos a nosotros mismos. 
Entre el ir y venir del conocimiento volvimos a Buenaventura, terminé el bachillerato con un poco de dificultad porque la muerte me había vuelto “rebelde” e ingresé a la universidad; sin embargo, mi objetivo principal no era estudiar la carrera que había decidido cursar en ese momento, lo que me interesaba, era encontrar caminos para transformar mi ciudad, un pensamiento bastante inocente, pero quizás de la inocencia han salido las mejores realidades de mi vida. En este punto de mi vida los libros pasaron a ser más que un medio para explorar y explorarme, un arma contra todo lo que yo creía que estaba mal, así pues, ingresé a un grupo estudiantil; nos reuníamos todos los martes y jueves a leer para tener las herramientas necesarias para alzar nuestra voz contra el sistema que nos había envuelto entre tantas tragedias, ya que creíamos que una idea sin argumentos simplemente nace muerta. Esta última afirmación aún 
hoy, después de varios años, la tengo presente, lo cual generalmente me lleva a pensar en la forma en cómo me acerco a un libro, en el por qué lo hago y para qué lo hago. Y así fue como llegó a mis manos el ensayo de Estanislao Zuleta “Elogio a la dificultad”, el cuál talle en mi cerebro y corazón porque los días difíciles necesitan un alma que no quiera rendirse. Igualmente, el espíritu también necesita divertirse, por lo cual creo que es necesario en ocasiones leer textos no tan académicos; leer por diversión, por las ganas de viajar sin movernos, por explorar, por conocer nuevas historias y aunque puede ser un cliché, y quizás un mal cliché, leer por el simple amor a la lectura. 
Ha pasado mucho tiempo desde comencé esta aventura con los libros y aún hoy tengo muchos interrogantes sobre mi ruta: ¿leo lo suficiente? ¿para qué leo? ¿realmente lo que conozco a partir de las lecturas hacen un cambio en mi vida? ¿hace un cambio en la vida de los demás?... Y todas estas preguntas las hago pensando en Buenaventura, ya que yo empecé a leer por un hecho desafortunado desenlazado por el abandono al que el estado nos ha sometido y a partir de esto empecé a ver la lectura como el medio para liberarme y liberar a mi ciudad de cadenas impuestas por la guerra; pero en Buenaventura las desapariciones no paran, las madres no dejan de llorar a sus hijos, los comerciantes siguen pagando “vacunas”, nadie escucha a las niñas que están siendo violadas, los jóvenes que salieron a jugar futbol jamás regresaron... Es una lista larga que continua y hace que mis cuestionamientos también sigan, ¿Cómo es que leer tiene sentido? ¿Cómo es que saber da poder? ¿poder de qué?... Al final de mis múltiples preguntas me gusta pensar que simplemente es un proceso largo en el que no se van a ver resultados inmediatamente y que he transformado varios aspectos de mi vida y la de los demás, aunque falten muchas luchas en el camino. Me gusta pensar que la lectura es un proceso transversal, en el cual mientras se está alimentando el cerebro con conocimiento, se está avanzando también en aspectos personales. En mi experiencia personal me ha enseñado a no tener miedo de gritar una injusticia, a sentir empatía, a comprender mi historia, la historia de mi ciudad, de mi país, y más importante aún, entendí que nacer en una zona marginada de Colombia, me da una gran desventaja, pero no me arranca los sueños. 
Leer nos da la libertad de ser, de entender, de comprender, de transformar e incluso nos ayuda a no morir. 

Ronald Ramos Villa (@Ramblues), abogado defensor de Derechos humanos y víctimas del conflicto armado, activista afro decolonial- antisistema, en la lucha por la diversidad de géneros, libre expresión del ser, lucha de clases y demás luchas en pro de la vida; ferviente creyente de movimientos independistas, realizador de proyectos socios- culturales y amante al arte en diversas formas, aunque le encanta escribir sobremanera de lo que perciben sus sentidos, no hay tema que le guste más que los de sus ideas, creen que es la realidad y en este espacio nos comparte algo de lo que hace.

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