"EL PAÍS INVISIBLE"
Artista
OSNEYDER VALOY PALACIO
Artistas Afrocolombianxs -
Literatura

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Osneyder Valoy Palacio, esta en décimo semestre de derecho en la Universidad Autónoma de Colombia, soy oriundo de Nuquí-Chocó y reside en Bogotá. 
 
Al proceder de un territorio donde el abandono Estatal es parte del paisaje, aunado a la corrupción y la desigualdad estructural que se propaga en generación como si tratase de un virus, el escribir para el, se constituye en un verdadero acto de resistencia y una fuente poderosa para contar lo que muchas veces queremos gritar a viva voz.
En un pueblo bananero, llamado Polombia, vivió la gente más feliz del mundo. Un día, sin saber porqué, el pueblo por vez primera sintió miedo de que los marcianos vinieran a gobernar la Tierra. La noticia se propagó por toda la república bananera, noticia que  abanderaron por los grandes medios de desinformación masiva. Años más tarde, nadie recordaría nada.  «La próxima generación retrocede», tal como lo enmarca Arturo Licona en su obra maestra. 
¿Temor al olvido? En ese país el cero sí sumaba. La miseria se multiplicaba por raciones, la violación sistemática de humanos derechos era el pancoger diario. En ese país, la muerte siempre sorprendía, a manera de asalto, el fallido sistema de salud. La educación siempre fue  un privilegio del que  pudiera comprarla. Y el miedo y la confusión, nutrían cada cuatro años, el putrefacto panorama político. 
En este país de nadie, estaba prohibido pensar. Había que doblegarse y repetir como loro. Y es que en esa "república" ―que también era tuya, mía y de nadie―, el país invisible se resistía a ser olvidado. Cada tanto, ese país se vanagloriaba con los logros ajenos, al tiempo que disponía de las fuerzas represivas del Estado ―para controlar al pueblo que reclamaba condiciones mínimas para vivir―. 
 
País de nadie. Los humanos derechos eran un asunto vano. Allá, los centros de salud asustaban, las trochas de la muerte hacían de las suyas cada vez que lluvia y, como si fuera poco, el sistema educativo había entrado en huelga de hambre mucho antes de existir. Esto hace rato se había salido de control y no había santo que valiera. 
Cien años después, la vida en Polombia empezó a cambiar. El subgobierno ordenó cuarentena total por seis meses. De acuerdo con las declaraciones dadas por el segundo al mando, la humanidad se enfrentaba a una plaga nunca antes vista, por eso era primordial el reencuentro como país, como familia, y mantener el confinamiento en casa para evitar que la plaga se propagara. «Hay que darse a Dios», vociferó doña Francisca, mientras veía la alocución subpresidencial.  
De acuerdo con las cifras, en Polombia se registraron seis mil contagiados ―mil en estado crítico― y, cuatrocientos muertos. El hambre volvió a tomar protagonismo y la gente desesperada se lanzó a las calles. La respuesta del gobierno en las ciudades capitales fue impartir multas y enviar al Esmad ―una extraña fuerza del orden que entorpece cualquier inconformismo social―; en cambio,  en el país invisible, el man de la moto se encargaba de hacer limpieza social.  
 
Los bancos, por primera vez en su historia, y en un en acto de valentía y patriotismo, decidieron poner a disposición su capital financiero. Un año y medio después de haber superado los embates de la plaga, el pueblo polombiano, en especial las familias menos favorecidas  tenían vivienda digna, y educación y sistema de salud gratis y de calidad.  Todo auspiciado por los bancos. Los milagros existen. 

Ronald Ramos Villa (@Ramblues), abogado defensor de Derechos humanos y víctimas del conflicto armado, activista afro decolonial- antisistema, en la lucha por la diversidad de géneros, libre expresión del ser, lucha de clases y demás luchas en pro de la vida; ferviente creyente de movimientos independistas, realizador de proyectos socios- culturales y amante al arte en diversas formas, aunque le encanta escribir sobremanera de lo que perciben sus sentidos, no hay tema que le guste más que los de sus ideas, creen que es la realidad y en este espacio nos comparte algo de lo que hace.